Kelly Gualsaqui – Kilogramo: «Estoy muy orgullosa del camino que he seguido»

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Kelly Gualsaqui es una muralista Lojana conocida artísticamente como kilogramo o KG, estudió en la Universidad Nacional de Loja (UNL) y en el Instituto Superior Tecnológico “Daniel Alvarez Burneo” (ISTDAB). Gualsaqui aporta una perspectiva femenina a sus trabajos en murales, gráficas, ilustraciones, pintura corporal, etc. En esta entrevista conoceremos más sobre el proceso de sus diseños y la influencia asiática que tienen sus obras.

Gualsaqui cuenta que toda su vida se ha interesado en la pintura y que sus padres, a pesar de que ellos no hacen arte, han sido una gran influencia en su desarrollo. De algún modo, siempre estuvieron apoyándome con mis cuadernos de dibujo o comprándome acuarelas, añade. Al salir del colegio trabajó con unos chicos que hacían arte urbano en Loja llamados Los Huesos de Buda. Con ellos aprendió lo necesario para comenzar a pintar muros, hasta que decidió sacar su propia obra y empezar a pintar sola en la calle. 

 

Al principio la muralista solía firmar sus trabajos con nombres japoneses, le gustaban, pero sentía que ninguno la representaba por completo. Me rendí y comencé a firmar con mis iniciales, un día un amigo me preguntó el significado y mi mejor amiga de ese tiempo respondió con ironía que era por Kilogramo, por eso me llamo así. Le gusta que el nombre no se refiera a algo masculino ni femenino en sí, sino que hable de una unidad de fuerza. 

Gualsaqui nos comenta que muchos de sus trabajos tienen referencias marcadas sobre la cultura asiática. La artista disfruta del anime, películas como “Tekkonkinkreet” y de los dibujantes asiáticos. Por lo que, para llevar a cabo su proceso de creación, primero, busca documentarse con todo lo que puede sobre el tema qué va a realizar; se inspira viendo películas, leyendo libros de arte o indagando en páginas de Facebook de arte conceptual. Todo eso me ayuda a documentarme, una vez extraigo el conocimiento hago una serie de bocetos y luego llevo a cabo las composiciones. Es así como fluyen sus ideas para empezar a pintar los murales, realizar dibujos o ilustraciones. 

 

“Cualquier cosa puede ser motivo de creación, desde las más pequeñas y sencillas hasta las gigantescas».

Kelly Gualsaqui – Kilogramo

 

Del mismo modo, entre sus mayores referentes están el artista chino Li Cheng y el artista mexicano Jesús Benítez, según Gualsaqui, desde que los conoció cambiaron su vida. Tengo como meta poder trabajar con uno de ellos o con mujeres muy fuertes como Ledanía, Paola Delfín y Alfred, sería increíble poder trabajar con ellos porque saben las vivencias de uno, dice.

En cuanto a los materiales que utiliza en sus obras, ella nos comenta que suele usar con mayor frecuencia la pintura acrílica y en ciertas ocasiones el aerosol para dar detalles específicos. También, suele pintar los muros con una mezcla de agua y látex para formar veladuras. Gualsaqui es una amante del dibujo hecho con tinta, sin embargo, en la actualidad aprovecha de usar técnicas digitales y realiza sus ilustraciones en el programa de Procreate. Estoy constantemente viajando y siempre llevo conmigo mi iPad, pero antes solía trabajar con Photoshop en mi computadora, creo que nada iguala a ese programa.

Por otra parte, Gualsaqui comenta que emplea la Teoría del color para lograr hacer buenas combinaciones entre cálidos y fríos. Generalmente, le gusta usar colores complementarios como el amarillo y el violeta, el naranja y el azul o el rojo y el verde. Conviene subrayar, que tiene como propósito salir del país y participar en los festivales de pintura más grandes del mundo que se dan en el continente asiático como en Shanghái y Hong Kong. Son festivales tan grandes y muy pocos latinos han podido ir, espero que mi trabajo alcance ese nivel para poder llegar a ese lugar.

A pesar de que cada una de las piezas que ha realizado es única y la han ayudado a crecer artísticamente, desde un punto de vista sentimental, KG específica que tienen un mayor significado esos trabajos donde se involucra con la comunidad. Es decir, aquellos en los que hay niños que tienen ganas de crear y de pintar para poder darles una brocha y enseñarles. Me hubiera encantado poder pintar un muro a los 12 o 13 años, pero no tuve esa oportunidad, añade. Cuando ella inició no conoció a nadie que tuviera la cortesía de enseñarle, por eso, hoy en día trata de transmitir su conocimiento a los más pequeños.

 

“Enseñar es increíble, siento que el conocimiento debe compartirse”.

Kelly Gualsaqui – Kilogramo

 

Desde su perspectiva, Kilogramo menciona lo prometedor que está el panorama para el arte urbano en el país. Cada vez más se dan convocatorias donde el nombre del artista empieza a tener más peso y se premia el trabajo que realiza. Cuando yo comencé asistí a eventos donde solo me daban el espacio y tenía que pagarme transporte, comida, hospedaje, pinturas y todo, cuenta. Además, estos espacios logran que los artistas perfeccionen su trabajo constantemente y establezcan una línea de trabajo, es decir, se marca una pauta para que el resto de artistas saquen obras increíbles y de este modo tener una competencia sana. Si todos hiciéramos lo mismo, nadie crecería, me gusta que cada artista lance algo más loco porque da ganas de hacer más cosas, alcanzar otros niveles y superarte.

Finalizando con la entrevista, Gualsaqui volvió a reafirmar lo importante que es para ella salir del país y pintar en lugares como Francia, México o Chile. Ya que me gradué de la Universidad tengo en mente salir del país y participar en un evento de renombre para demostrar que mi nivel está llegando a esos espacios, concluye.

 

 

 

Editado por: Coraima Posligua

 

 

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Diana Zavala: “Mucho le debo a Pedro Gil”

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Diana Zavala, nació en Jipijapa, en 1983. La autora desarrolló su amor por la literatura en su infancia, aunque ni casa ni en el pueblo existían bibliotecas. “Cada noche mamá me contaba historias, algunas eran de la tradición oral manabita, otras provenían de los libros que ella leyó cuando fue niñera, los había memorizado”. El gusto por el acto de contar la llevó a la escritura cuando en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (Uleam) ingresó al taller literario Soledumbre.

En Soledumbre, Diana encontró a un maestro. Mucho le debo a Pedro Gil, nos entregó con generosidad y rigor herramientas para que cada uno labre su camino sin pretender hacer versiones a escala de él. Una serie de ejercicios dieron como resultado relatos que al final se compilaron en un libro al que llamó Carne Tierna y Otros Platos (Mar Abierto, 2011).

Había la idea de llamarlo ‘Manos de Licenciada y Otros Cuentos’, pero me pareció más atractivo el de ‘Carne Tierna y Otros Platos’, ya que quería darle una estética de menú, además, la colección en la que salió se llamó Almuerzo Desnudo”.

Diana Zavala sobre Carne Tierna y Otros Platos.

 

Portada de Carne tierna y otros platos

 

De las primeras lecturas que le impactaron recuerda El Antropófago, de Pablo Palacio, lo halló en un folleto de papel periódico que publicó la Casa de la Cultura Ecuatoriana, hasta ese momento no tenía idea de quién era Palacio, pero tuvo la certeza de que era potente. Diana recuerda que años después, en el taller literario, tuvo una importante guía de lectura, conoció autores de voces diversas, aprendió a ser algo selectiva, aunque el ejercicio de dejarse sorprender por un libro, por un autor, del que nadie le ha hablado es un riesgo que le aporta cierto placer. En la lista de autores a los que siempre vuelve están Clarice Lispector y Juan Rulfo.

Al consultarle sobre la inspiración, ella cree que hay temas que nos superan y que no necesariamente se eligen. Su proceso se basa en la exploración, hay ideas que surgen de su día a día, de la observación, de la escucha, como los temas sobre la intimidad, el cuerpo o la pérdida de la inocencia. No sé qué tanta sea la invención, en mi caso le debo mucho a la libreta, a lo que la gente dice.

Zavala puede llegar a definirse como una buscadora, aunque si le dan a elegir prefiere no hacerlo. Como ella lo explica, siempre estamos en constante cambio y desde esa perspectiva puede resultar complejo formar un concepto sobre su persona. Le gusta experimentar y ahora se encuentra en una etapa en la que si mira a la Diana de hace diez años, le resulta tan otra.

Periodismo, el otro oficio

Zavala tenía 16 años cuando se mudó a Manta para entrar a la universidad. Nos dice que estaba en su último año de Periodismo cuando un profesor la invitó a ella y a un compañero a que fueran ayudantes de cátedra y, también, a efectuar sus prácticas en el diario El Mercurio. Con este compañero propusimos hacer un espacio sobre cultura para el suplemento de los domingos de ese periódico y lo llamamos El Pregonero. Considera que fue un ejercicio periodístico que la ayudó a situarse en lo que le gusta.

Eligió hacer periodismo independiente después de ser parte de redacciones en diario La Hora y Ediasa. Encuentra satisfacción al realizar trabajos independientes por la libertad que hay en el proceso, por el rigor que solo es posible cuando no se tiene que entregar varios textos en un día. Eso sí, aclara que a la hora de cobrar es muy difícil sostenerse del freelance, muchas veces se invierte energía, tiempo y dinero en textos que no llegan a publicarse o que ven la luz hasta un año después. Ha colaborado con Mundo Hispano, El Público (España), SoHo Ecuador, Mundo Diners, Cultura en Renglones. Algunos de sus trabajos pueden leerse en su blog El verbo Crea.

Sobre cómo se relacionan ambos oficios, Diana cuenta que en una ocasión escribió, para un concurso, una crónica sobre abuso sexual de menores; el texto no alcanzó ningún premio, para cuando se dieron los resultados varios datos estaban desactualizados y el clima en los medios era poco favorable para publicar investigaciones que denuncien atrocidades. Como no podía cerrar el capítulo, escribió un cuento al que llamó La hora de las arañas, este cierra la antología de narradoras Señorita Satán, publicación de El Conejo.

 

Difusión de la Literatura

Acerca de la difusión de la literatura en el país, Zavala menciona proyectos novedosos como FLACSO Literaria, una iniciativa de lectura de cuentos y fragmentos de novelas de 21 destacados escritores y escritoras, quienes leen sus obras, constituyéndose esto en un valioso registro. También habló de Mujeres al oído, realizado por la escritora y poeta Valeria Guzmán. En una primera parte se llevó al podcast una selección de cuentos de autoras ecuatorianas y en una segunda etapa se incluyó a poetas. De Zavala se incluyó Manos de Licenciada, uno de los cuentos que trabajó en el tiempo en que integró el taller en la ULEAM. Este y todos los cuentos de Mujeres al Oído están a disposición en Spotify, Apple y Youtube. Recientemente, el Centro de Publicaciones de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador publicó una antología que reúne cuentos de las participantes de Mujeres al oído titulada Voces que cuentan (2023).

Zavala cuenta que, en Manabí, junto a otros autores, hace más de diez años se empezó un trabajo para difundir la Literatura, para sacar la idea de que la poesía es cualquier cosa risible que rima. En tertulias, fiestas literarias, con micrófono abierto, se propicia un intercambio entre autores y público. Los clubes de lectura también son importantes. “Es inaudito que en Manta para muchos Hugo Mayo resulte desconocido. Otro grande que partió y la oficialidad no se dio cuenta es Pedro Gil. En su funeral no hubo autoridad alguna”.

Para concluir, nos cuenta que tiene inéditos un poemario, un libro para niños, en reposo una obra de teatro y en proyecto reunir sus cuentos que “como ovejas mochileras” andan en varias antologías: Nunca se sabe; Despertar de la Hydra; Señorita Satán; Cicatrices del Demonio; Antología Básica del Cuento Ecuatoriano; Microcuentos de escritores del Ecuador; Insomnio; Voces que cuentan.

 

 

 

Editado por: Coraima Posligua

 

 

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Aminta Buenaño

Aminta Buenaño: «La escritura es mi pasión»

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Aminta Buenaño

Aminta Buenaño Rugel, nació en Santa Lucía, Guayas, en 1958. A lo largo de su vida se ha desempeñado como escritora, docente, periodista y diplomática. Buenaño ha vivido toda su vida en la Perla del Pacífico y ha estado estrechamente ligada a la literatura desde su niñez. Realizó estudios de posgrado en Comunicación Cultural en la Universidad de Moscú, Rusia, además, fue Asambleísta Nacional y Asambleísta Constituyente. Participó en la redacción de la Carta Magna del Ecuador del año 2008, contribuyendo con su aporte a la inclusión de los derechos del pueblo montubio, la licencia de paternidad y los derechos para la igualdad de la mujer. Su vida se desarrolla entre la creación literaria, el periodismo y la cátedra universitaria.

Entre las obras que ha publicado está “La mansión de los sueños” (1984); “La otra piel” (1992); “El discreto encanto de lo cotidiano” (2004); “Mujeres divinas” (2006); “Virgen de medianoche” (2010). Sus relatos han sido traducidos al italiano, inglés y francés. Igualmente, es parte de numerosas antologías ecuatorianas y extranjeras. Sus escritos han ganado diferentes distinciones como el Premio Internacional de Cuentos Jauja de Valladolid y Premio Ciudad de San Sebastián, España y el Premio nacional de Cuento Diario El Tiempo. Ha sido editorialista del Diario El Universo, El Telégrafo de Ecuador y Nuevo Diario de Nicaragua, siendo su columna una de las más leídas. 

El primer acercamiento que tuvo Buenaño con la literatura fue por su madre, quién tenía una gran biblioteca y le encantaba comprar diferentes libros. La escritora se deleitaba buscando en la biblioteca de su casa y leyendo distintas obras, el primer libro que leyó fue el de “Las mil y una noches”, estaba enferma y dicho libro fue un gran acompañante para pasar su malestar. Tenía una gran fascinación por los escritos norteamericanos como Las aventuras de Tom Sawyer y El príncipe y el mendigo de Mark Twain o Mujercitas de Louisa May Alcott.

Buenaño es el tipo de personas que en cada momento de su vida se encuentra leyendo diferentes textos, es por eso que en sus recomendaciones literarias menciona a los clásicos de la literatura Latinoamericana como Juan Rulfo, García Márquez y Vargas Llosa. También, sugiere leer poesía de Horacio Hidrovo o los escritos de Gioconda Belli, Marcos Chicot, Julia Navarro y Sergio Ramírez. Los recomiendo porque son maestros de la literatura, son personas que te enseñan a escribir. 

Por otra parte, su proceso creativo por lo general se da en las mañanas, porque se siente con mayor energía y sus ideas están más claras. El día de la autora empieza con una rutina de ejercicio o una pequeña caminata en la que aprovecha para escuchar algún audiolibro, son actividades que la relajan y ayudan a que sus ideas fluyan. Aproximadamente a media mañana comienzo a escribir y no me detengo hasta las 3 o 4 de la tarde más o menos.  

“Siempre hay cosas interesantes que contar. A todo el mundo le suceden cosas interesantes o dramas que pueden convertirse en novelas».

Aminta Buenaño

Buenaño explica que para ella escribir es una pasión. En su trayectoria ha vislumbrado el arduo trabajo que esto requiere, sin embargo, cuenta que es una forma de encontrar un propósito y sentido de vida. Pertenecer al mundo literario en Ecuador es difícil y complejo, debido a la poca importancia que se le da. A pesar de eso, sus textos se han abierto camino, por ejemplo “Mujeres divinas” tuvo cuatro ediciones en un solo año por su gran acogida. De este libro el cuento más nombrado es “La gata”, en el que se narra la vida rutinaria de una mujer que vive con su gata y como esta cambia frente a un terrible suceso. 

 

<span style="font-size: 12pt; color: #333333; font-family: Georgia, Palatino;"><b>Fragmento de “</b><b>La gata</b><b>”</b></span>

«Cuando llegaba del trabajo, después de merendar la ensalada de lechuga y otros vegetales para no engordar, el yogur natural para mejorar la digestión y los ocho vasos de agua para conservar la piel lisa y radiante, solía mirar la televisión junto a su gorda gata siamesa de color caramelo que dormitaba a su lado, a la que amaba tanto como a ella misma. Era su hija, su pasión, el punto y coma de su amor. A ella, sólo a su gata, le toleraba que le despeinarse el hongo precioso de su melena tinturada de un color rubio cenizo mediano, por el estilista afeminado que le confiaba entre hipos y ayes sus penas mientras pasaba el secador por sus cabellos húmedos y le incendiaba las orejas».

Encuentra el relato completo aquí

 

Desde su punto de vista, a un buen escritor lo caracterizan tres aspectos, el primero, es que sea un observador de la vida, porque es un ingeniero del alma humana. Por lo tanto, debe conocer al ser humano, estar pendiente de las emociones y acciones de las personas para poder narrarlas. El segundo punto, es la lectura, ya que un escritor que no lee se enfrenta a muchas dificultades en el proceso creativo. Por último, está el hecho de estudiar, el constante aprendizaje sobre escritura creativa y la utilización de métodos narrativos es lo que va moldeando la forma de escribir. 

Su proyecto más reciente es “Un blues para Roberto” y según nos comenta le ha tomado mucho cariño.  Buenaño tuvo la desdicha de perder a su esposo en todo el apogeo del Covid-19, fue sorpresivo y doloroso, pero en medio de su proceso de duelo decidió escribir sobre él. Fue una idea que surgió tras realizar un artículo sobre la situación que pasaba en ese momento en todo el mundo, muchas personas lo leyeron y quedaron conmovidas por esas palabras. Después de eso decidió redactar este texto en honor a su esposo y a todos aquellos que perdieron a alguien importante en la pandemia. 

 

Concluyendo con la entrevista, nos comenta que tiene una novela basada en un hecho atroz que ocurrió en Nicaragua, en el que una joven murió por un grupo religioso. Esta obra la tiene escrita desde el 2018, pero aún no la ha podido publicar por diferentes situaciones. También tiene un libro de cuentos y por el momento se encuentra escribiendo otra novela.

Los libros de Aminta Buenaño se puede encontrar en Amazon

 

<strong><span style="font-family: Georgia, Palatino;">Microrrelato de «Con (textos) fugaces»</span></strong>

La tímida del café

«Cuando él se acerca se le detiene el pulso y las manos y los pies sudan frío como si apareciese un fantasma. Tiene un caminar marcial. Cuando le roza la yema de los dedos ella siente que se electrocuta su entrepierna y que el corazón se desbanda en un redoble infernal. Todas las tardes ella llega, se sienta en la cafetería y espera con supuesta indiferencia que el mundo se detenga. Todas las tardes la epopeya de una historia de amor se escribe en su cabeza. Todas las tardes ella calla. Él la interrumpe soberbio con su lazo negro al cuello, sin imaginar la hecatombe que su presencia produce. Alarga su brazo y le propone.

—¿Quiere otro café la señorita?».

 

 

Editado por: Coraima Posligua

 

 

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