Gabriela Piñeiros: «La danza realmente cambió mi vida»

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Gabriela Piñeiros ha desarrollado toda una carrera profesional alrededor de la danza y a pesar de que al principio no la buscó, ahora es todo lo que la rodea. Realmente la danza llegó a mi vida por una cuestión de azar, comentó mientras rememoraba sus inicios. Por casualidades de la vida terminó en una clase de danza contemporánea a la edad de dieciséis años. Sus primeros pasos en este mundo fueron en compañía de Carlos Cornejo y Laura Alvear, maestros de Humanizarte, Quito. Es ahí donde comenzó a entender lo que es la danza contemporánea y los beneficios que esta aporta al cuerpo.

Al salir del colegio, se formó en la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad San Francisco de Quito. En ese transcurso descubrió que podía dedicarse a la danza de forma profesional y decidió tomar clases con Marcela Correa y Terry Araujo, importantes bailarines de la capital ecuatoriana. A partir de ahí, ha tomado varios talleres de diferentes técnicas para aprender más sobre este arte. 

La danza contemporánea busca expresar ideas, emociones y sentimientos a través de los movimientos corporales. Gabriela la describe como la posibilidad de accionar diferentes niveles del cuerpo mediante el movimiento, al mismo tiempo que estos cuentan algo. Este tipo de danza es más amigable con el cuerpo que el ballet, ya que está libre del tecnicismo que este representa. Con la danza contemporánea se empieza a ver al sujeto como algo más que lo estético, se observa toda su complejidad puesta en escena.

Para poder hablar de sus coreografías nos indicó lo fundamental que es definir aquella palabra. La entendemos como una secuencia de pasos o movimientos, yo no la entiendo así. Desde su criterio, la coreografía no es solo una secuencia de pasos, sino más bien aparatos de captura de una idea. Mediante ella se puede ordenar el material del movimiento con el objetivo de responder a una pregunta. Le pregunto al cuerpo o a los cuerpos con los que trabajo y traduzco lo que ellos dicen. 

Su obra Ocupar/Vaciar partió de una pregunta que surgió en el transcurso de la pandemia. La autora explicó que lo más innovador de esta propuesta es que logró producir un guion coreográfico, que a nivel de la danza ecuatoriana, todavía no se había hecho. Esto hizo que la obra se consolide y que, además, todas sus capas tengan sentido. Por ejemplo: el guion habilitó que el iluminador y el músico tengan una idea más clara de la obra y entiendan las necesidades de cada momento y de cada bailarín. Han logrado estar en varios festivales del Ecuador, fue un proceso de mucho trabajo para Escena Continúa, un año constante de pensamiento y cuerpo, en donde su grupo logró consolidarse al ser la primera vez que todos trabajaron juntos.

 

 

Escena Continúa es un proyecto que viene realizando desde hace 3 años junto a Jimmy Paredes, su socio fundador. Este surgió como un proyecto de gestión cultural en la ciudad de Loja. Se manejan con varios ejes como la exhibición de pequeñas obras, la formación a partir de talleres y el proceso de comunidad. La gente empezó a interesarse cada vez más por el movimiento libre, a disfrutar de un espacio en el que se pueda confiar en el cuerpo para encontrar respuestas.

Sin importar la profesión que desempeñemos nos vemos expuestos a desafíos y dificultades, Gabriela cree que lo más difícil para ella es encontrar un grupo de creación. Coincidir con un grupo de personas con las que te puedas comprometer, investigar una pregunta  y crear una obra, es superdifícil. Sin embargo, ha contado con la suerte de coincidir con grupos comprometidos, con los que ha logrado mantener los afectos vivos para  hacer que el producto pueda crecer constantemente.

Pero existe otro desafío en este medio, y es que la danza en el país necesita una nueva forma de gestión. Gabriela propone generar circuitos de circulación de obra. Hay mucha gente creando y hace falta que las obras puedan salir y girar en el país. Como ella especificó, existen muy pocos encuentros físicos entre las personas que crean, por lo que se podría habilitar un espacio anual para bailarines, en donde pueda haber talleres. Además, existe poca visibilidad de los procesos artísticos y los espacios  escénicos suelen ser muy selectivos. 

A esto se le suma que la sociedad tiene una serie de prejuicios hacia la danza contemporánea. Entre ellos está el de no entender y creer que la danza contemporánea es solo para público experto en el tema. No debemos de ir a una obra con el objetivo de entender lo que dice el autor, porque las obras en general apelan a la sensibilidad, explicó Gabriela. La lectura que tiene cada persona es válida, puede que a unos les provoque muchos sentimientos y a otros no les provoque nada, el arte es así.

«El público debe ir con la mente y el cuerpo abierto a sentir los estímulos, a dejarse experimentar y así tener un proceso sensible»

Gabriela Piñeiros

Por último, nos comentó que uno de sus próximos proyectos es su nueva obra, Pulsus Ultra, con la cual pretende sumar otro guion coreográfico a sus trabajos, ya que quiere empezar a promover ese tipo de contenido en el país. Creemos que la danza solo se registra en fotos o vídeos, creo que es un proceso innovador, pensar que la danza puede registrarse en un texto. También, ha estado trabajando desde el 2020 en un videodanza que pronto van a sacar, este proyecto es realizado con la agrupación Fractal. Y, a nivel académico, está pensando escribir artículos que planteen a la danza desde una reflexión científica de cómo se validan sus procesos.

 

 

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